Le ofrecemos el artículo de opinión realizado esta semana por el Dr. José Luis Alcántara Rojas.
Me ha venido al recuerdo en esta tragedia haitiana los nombres de viejos amigos médicos que hicieron su licenciatura en nuestra ciudad y, de entre ellos, una pareja que aquí se casaron y tuvieron hijos sevillanos. A la muerte del terrible “Papá Doc”, aquel Duvalier que durante muchos años tiranizó tan preciosa isla , les dediqué un artículo en ABC que, escrito con todo el corazón, se titulaba “Haití en mi esperanza”. Esperanza de paz, libertad y progreso que pedía para sus habitantes, y que el destino fatalmente frustró con la herencia de la dictadura por un hijo del depuesto presidente. Haití parece haber tenido sobre sus cielos una maldición vuduista que la ha llegado a convertir en uno de los países más atrasados del mundo.
Hoy pretendo verter aquí algunos pensamientos que me asaltan al comprobar que, a pesar del rodaje en el tiempo que ya posee la ONU, su capacidad de reacción ante calamidades como esta reciente dejan mucho que desear: su respuesta ha sido demasiado lenta y, además, con necesidad de apoyos internacionales, no solamente de organismos estatales sino sobre todo de ONGs. Y dentro de ellas, como de costumbre la nómina de médicos altruistas nos hacen sentirnos orgullosos a los que aquí nos quedamos en nuestro trabajo.
Uno no llega a comprender cómo un organismo como la referida ONU no posee autosuficientes medios para una reacción ágil y certera ante catástrofes de tan amplia envergadura como la que acabamos de contemplar por los medios de comunicación. Viene a ocurrir algo así como sucede con el dispositivo militar de sus cascos azules, tantas veces imposibilitados en sus acciones de paz por normas inaceptables para aplicársele a una organización mundialmente reconocida como medio coercitivo en busca de la paz entre las naciones.
Me explico con un ejemplo de España, que aunque uno no es dado a aplausos al poder podría ser aplicable a la ONU. Y que conste que en nuestra patria no lo considero necesario, pero sí en el ámbito de dichas actuaciones internacionales: me refiero a la UME (Unidad Militar de Emergencias). Digo que para un país, donde existen los diferentes medios organizados por la sociedad civil para la atención de emergencias, parece redundante que el Ejército disponga de medios que deben su existencia a la defensa de su independencia y del orden interno. Pero…
¿Sería muy descabellado pensar en unas fuerzas internacionales, perfectamente instruidas y adiestradas para dichos menesteres, y suficientemente pertrechadas, que estuvieran alertas para la intervención inmediata en acontecimientos como los padecidos en ese querido lugar caribeño? ¿O es que tiene que ser EE.UU el que siempre ejerza de centinela mundial? A lo mejor esta idea es imposible de realizarse por culpa de viejos egoísmos o por anquilosamientos de una institución que debería ser una de las conquistas más humanas de los seres que poblamos esta vieja Tierra.
Dr. José Luis Alcántara Rojas.







